2 de abril de 2017

Daytripper, por Fábio Moon y Gabriel Bá

Qué portadaca.


Título: Daytripper.
Autores: Fábio Moon y Gabriel Bá.
Páginas: 272.
Precio: 27 €.
Editorial: ECC.










No suelo dejarme llevar únicamente por el diseño o el dibujo a la hora de comprar un cómic, pero en esta ocasión debo reconocer que era así. Conocía el estilo de los autores y había visto algo de las geniales portadas, pero apenas sabía nada de la historia. Se podría decir que la compra de este tomo fue una corazonada, cosa que, vista después de haberlo leído, resulta muy adecuado para el tipo de cómic que es.

Como es habitual, voy a proceder a hacer una pequeña sinopsis de la historia narrada aquí, pero lo cierto es que en esta ocasión he tenido dudas. No sabía si revelar un detalle que, según he visto otras sinopsis, suelen dejarse sin comentar. Sin embargo, a mí me hizo interesarme más por la serie y me parece un concepto que tiene mucho que ver con la premisa, de modo que lo que viene podría considerarse un pequeño spoiler. No obstante, no tanto de la historia en sí como de la estructura que va a seguir número a número.

Daytripper es la historia de Brás de Oliva Domingos, un escritor de necrológicas brasileño que trata de seguir los pasos de su padre, un reconocido escritor. Cada número nos transporta a un momento de la vida de Brás, todos ellos importantes pero con perspectivas muy diferentes, acordes a cada etapa de su vida. La única constante en todos los capítulos, es que terminan con la muerte del protagonista.
Así es, como si se tratase de una película de Sean Bean, en Daytripper pronto nos acostumbramos a saber que nuestro protagonista tiene una clara fecha de caducidad. Obviamente, esto no importa para nada en el relato, y lo vuelve excepcional. No sólo por las muertes y la forma en que se producen, sino por la forma en que cada una de ellas genera un significado y un impacto diferentes en el mundo, como se ejemplifica en las poéticas necrológicas del propio Brás que cierran cada capítulo. Aunque todos los capítulos son especiales por esto mismo, tengo que resaltar el penúltimo, que combina un estilo delirante con una gran ejecución.
-¿Usted es Genaro?
-Eso es lo que piensa casi todo el mundo. Pero Genaro era el nombre de mi padre.
-¿Usted le puso su nombre?
-Él le puso su nombre. Yo sólo heredé el bar.
-¿Y cómo se llama?
-Policarpo Claudionor.
-¿En serio? Lo siento.
-Ya. Pero nadie me llama así.
-¿Y cómo le llaman?
-Genarinho.
-Podría haberle cambiado el nombre al bar.
-Seguiría siendo su bar, y yo seguiría siendo su hijo.
Obviamente, la historia no se sostendría si no fuese por tener un protagonista bien definido, con miedos, sentimientos y aspiraciones que se hacen muy reales a pesar de vivir rodeado de un ambiente que a veces deforma la realidad. También pueden resultar familiares al lector las personas que rodean a Brás, porque conforman una red de relaciones que cada persona experimenta en su vida. Su mejor amigo, Jorge, resulta especialmente carismático y precisamente por eso es una pena que su historia se cierre en un capítulo algo agridulce y misterioso, porque te quedas con ganas de saber más sobre él.
Lo cierto es que una de las formas de resumir la temática de este cómic sería centrarse en eso, en la red de relaciones que conforman lo que una persona es, y cómo impactan en las personas las dos familias que puede tener, la que se elige y la que se impone. Los dos ámbitos se usan para explicarnos cómo Brás se ha desarrollado y es a través de ellos más que del propio personaje que conocemos su personalidad.

Otro elemento determinante en la historia tiene poco que ver con la temática, pero mucho con el tono, es la ambientación en que sucede. Se trata de un Brasil atemporal, viejo y nuevo, rodeado por sucesos extraordinarios y una realidad cotidiana algo romantizada que, efectivamente, se interna en el realismo mágico con mucha sutileza. Y es que, a pesar de todas las excentricidades que rodean a la historia desde sus cimientos, acaba por resultar creíble e incluso desearías que el mundo funcionase un poco como la sociedad de este cómic.


Los gemelos Ba y Moon, que comparten labores tanto en el guion como en dibujo, armonizan un estilo gráfico que ayuda mucho a internarse en esa ambientación que comentaba. Como la realidad mostrada en las acciones, el dibujo presenta una realidad deformada y única, pero en la que apetece internarse.  Con un trazo expresivo e irregular y unos colores apabullantes, los dibujos y la historia se imbrican para conformar un universo único, basado en una mezcla entre el boceto y lo pictórico. Un estilo muy particular, como cabría esperar de una obra tan personal.
Impresionante y cotidiana,
como esta portada,
es Daytripper.
Como no podía ser de otra manera tratándose de un cómic tan pasional, al final mi corazonada fue acertada y este cómic tenía mucho más aparte de un dibujo espectacular, que lo tiene. La historia se nutre de personajes cotidianos, llevándolos a lo extraordinario e imposible, lo que conduce al lector a caminar por el sendero de una vida marcada por el milagro, como la de cualquiera de nosotros, y que precisamente por ello deja algunas cosas sin un final claro. Porque, como cada vida, empieza o termina en muchos momentos.

PUNTUACIÓN:
Ω Ω Ω Ω

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