20 de marzo de 2017

Promethea, por Alan Moore y J.H. Williams III

Iba a ponerlos apilados para la foto,
pero merece la pena ver bien cada tomo.
Título: Promethea.
Guionista: Alan Moore.
Dibujante: J.H. Williams III (colaboraciones esporádicas de Charles Vess y José Villarrubia).

Extensión: 3 tomos de 336 páginas cada uno.

Precio: 31,50€ cada tomo.
Editorial: ECC.
(me parecía que sin esto el artículo no estaba completo)

Recientemente he leído un par de obras que reflejan el impacto que causó la entrada en el siglo XXI para la sociedad. Se trataba de un hecho anecdótico, pero las leyendas en torno a lo que podía suponer el efecto 2000 y las predicciones apocalípticas sobre el nuevo estado de las cosas que se generaría a raíz del nuevo milenio estaban en boca de todo el mundo en aquellos momentos. Pronto lo olvidamos, como es normal, pero inspiraron a muchos artistas, y sus obras suponen un recordatorio de que no hace tanto que se produjo esa transición entre los siglos XX y XXI, y de que en ése momento parecía significar mucho (y quizás haya sido así). Y bueno, ésta es la historia que Alan Moore cuenta en ese contexto:

Sophie Bangs es una estudiante que está dedicando su trabajo de final de carrera al estudio de Promethea, un personaje de ficción que se ha recogido a lo largo de distintas épocas, adaptándose a diversos medios desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, se verá sorprendida cuando ella misma acabe fusionándose con esa entidad de ficción. Y es que Promethea existe, pero en el mundo de lo ideal y la imaginación, la llamada Inmateria, ya que fue transportada allí por su padre, un hechicero acusado de hereje que quería proteger la vida de su hija.

Por lo que he visto, muchos de los comentarios de esta serie, si destacan aspectos negativos de ella, lo que dicen es: "empieza regular, como una serie normalucha, y luego va ganando puntos". Y tengo que discrepar, porque a mí de partida ya me parece una serie muy buena. Después se eleva y alcanza la excelencia, pero creo que ese comienzo más apegado a lo convencional era necesario. Aparte de que no creo que sea tan convencional, ya que maneja conceptos bastante complejos para una serie de superhéroes habitual, con esa intersección entre el mundo de las ideas y el mundo físico.
Promethea concentrándose muy fuerte
para entender su propio cómic.
Antes de ahondar en esos conceptos que se plantean, me gustaría hablar un poco del mundo que se construye, centrado en esta Nueva York que acaba siendo la del universo ABC. Y es que es asombroso lo profético que puede resultar la sociedad descrita aquí. Con la perspectiva de hace 15 años, Alan Moore anticipa la rápida forma de compartir información que se da hoy en día a través de esa herramienta llamadaTEXTura o la tendencia de la política a convertirse en puro espectáculo de masas, con líderes que destacan más por ser esperpénticos que por sus ideas. Incluso anticipa una moda como los memes a través del personaje de Gorila Llorica, que básicamente es eso. Algunas cosas podrían haber comenzado ya para cuando se hizo el cómic y otras no, pero en cualquier caso la visión de Moore resulta extraordinaria y capta tal y como pretende el alma del siglo XXI cuando apenas ha dado sus primeros pasos.
Quizá sean todas las guerras que ha librado la humanidad y siempre están ocurriendo todas ahora mismo. Quizá siempre es el fin del mundo.
-Jack Fausto
un mago ante el Apocalipsis.

Ahora sí, hablando de los terrenos simbólicos en los que se introduce este cómic, son muy similares a los que Moore ya trató en obras que ya reseñé como El amnios natal o Serpientes y escaleras. Sin embargo, aquí se usa una forma menos densa y más narrativa de contarlo, a pesar de que se adentra incluso más en las teorías mágicas y en la descripción pormenorizada de los conceptos, que giran en todo momento en torno a la relación de la realidad simbólica con el mundo sensorial, y un cuestionamiento constante de lo que vino primero y de lo que los humanos percibimos y cómo. Todo un batiburrillo que se mezcla con las ya clásicas referencias a Aleister Crowley y al tarot, para que Alan Moore nos demuestre que es un estudioso de la magia.
También hay espacio para los dioses.
Aquí, por ejemplo, Promethea se encuentra con Venus.
De este impulso por contar sus teorías sobre la realidad y la magia a través de la historia, se derivan dos aspectos negativos. Uno es que los personajes se desdibujan un poco en ocasiones, quedando como meros maniquíes que transmiten lo que el guionista quiere expresar. Tampoco sucede todo el tiempo, porque se nota que el mismo autor se da cuenta en ocasiones y trata de añadir alguna marca de singularidad en las conversaciones, pero al final es inevitable en una obra con una teoría tan densa y unos conceptos tan particulares que los personajes en ocasiones deban ser meramente funcionales.
De eso va la vida en Marte. No es que el universo sea cruel o desagradable, es que no puede permitirse ser sentimental.
-Sí, bueno, el contexto de esta frase es muy peculiar,
pero es que me gustaba.

La otra consecuencia de esa pretensión de Alan Moore de dejar patentes sus teorías mágicas es que se hace algo repetitivo. Los desarrollen más o menos, los conceptos son los mismos una y otra vez, machacados hasta el extremo. Incluso si no hubiera leído la obra ensayística de Moore, creo que es bastante fácil que el cómic caiga en lo predecible. De hecho, lo que sucede concretamente en el último tomo se ve venir desde lejos. Pero, a pesar de todo, se disfruta. El ingenio de los autores a la hora de plasmar sus místicos conceptos provoca que, hasta en las partes en las que sabes lo que va a ocurrir, estés interesado simplemente por la forma en que ocurren.

Fragmento de un número dedicado enteramente a un polvo de Promethea.
Pero claro, si follas así, merece la pena.
Y en ello tiene mucho que ver, claro está, el arte de J.H. Williams III, que resulta simplemente impresionante. Espectacular. Increíble. De hecho, los adjetivos se quedan cortos para describirlo. El derroche visual no sólo consigue impactar de forma que quedas con la babilla colgando ante la variedad de estilos y la composición de página, sino que también sirve para transmitir a la perfección los diferentes períodos que atraviesa la historia. Generalmente, Alan Moore se ha codeado de artistas gráficos que, aparte de ser buenos de por sí, se adecuan a la historia muy bien, pero éste podría ser el primer caso en que, por momentos, el guionista se vea eclipsado por un dibujante tan excepcional.
Una doble página que puedes comenzar a leer prácicamente por donde quieras.
Esta enorme experimentación visual combinada con el mundo mágico desarrollado en el cómic da como resultado una obra que desborda los sentidos. Cuando la historia decae o te pierdas por sus intrincados recovecos, el dibujo continuará sobreexcitando tus sentidos. Al final, una serie contundente y abrumadora, como sólo podría serlo la unión de dos figuras tan gigantes como J.H. Williams III y Alan Moore.

PUNTUACIÓN:
Ω Ω Ω Ω Ω

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